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Reo.

Le rezaré a la mismísima noche, al imperio de la oscuridad, al trueno, a los dioses del vacío y haré un altar a las nebulosas con costales de cenizas, amotinaré mi sangre, gota a gota, por un segundo tuyo; por un momento de tu inseguridad y en ese entonces, justo en ese entonces, usurparé tus navíos, desgarraré tus ropajes y haré míos cada uno de tus cabellos, me hartaré de tus desdenes y comeré de tus labios cada pecado que tenga sabor a ti. Tu boca, que es tu boca entre todas las bocas y entre todas las eternidades, será mi libertad a medio mar y no dejaré, por ello, que te vayas aun cuando tu carne putrefacta se desmorone por entre en mis dedos.

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Acerca de Alejandro Zamora

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