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De los titanes y de nosotros.

Somos sábados marinos. Somos días sin labor
“sin oficio ni beneficio” o un libro censurable.
Somos un pacto de renovación constante,
el cero maya, es mas, puede que seamos más
que un millón de toneladas de acero y hierro
apiladas al firmamento con nombre francés.

Somos un loco cantautor sin vicios ni payola,
un precipicio, una aserradora, el océano tóxico,
una metáfora inadmisible o quizás una calle vacía.
Creo que más bien somos el grito de una calle vacía.

Somos una marea certera y un eterno solsticio,
quizás mecánica primavera o versos por computadora.
Somos ese lugar ficticio en que en un solo día
se encuentran y platican todas, todas, las estaciones.

Somos un montón de tactos ficticios,
planes de guerra y paz a la medida.
Promociones inocuas de un dos por uno.

Somos, mar único, incauto, inaudito e idílico:
los días sin muerte, más que Lilith y Adán,
somos los titanes de la consumación estelar.
El veneno al filo del rocío en la rosa perpetua.
Nos bautizaron como los legítimos hijos de Dios.

Somos el apogeo de las bienaventuranzas,
nuestro camino está escrito en los cantares
y se reafirma, todas las noches, en una carta
que Pablo escribió a los Corintios.
Nuestro porvenir está plasmado en varias lenguas,
existen libros apócrifos de nuestros encuentros
y de los autores aún se desconoce paraderos.

De las arenas y los acantilados nace nuestro verbo
y de conjugarlo tantas veces nos aparecen los ojos.
¡Habría que ver lo que se tiene que ver!

Somos la carencia de significado y de signo;
somos aquellos intangibles de los que se burlan
filósofos empedernidos que nos buscan sin tregua.
Somos un puñado de números erráticos
y la contradicción textual de Woody Allen.
Quizás una narración catatónica del génesis.
Somos una palabra atascada en otra palabra,
tras otra, tras otra, tras otra, incansablemente.

Hemos sido un adiós interminable,
inadmisible, ilícito y no solicitado.

Lo que no somos es lo que nos define,
pero cuanto callamos habla por nosotros.
¿Qué es ello que callamos y no somos?

Todas estas son un montón de letras desperdigadas.

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Acerca de Alejandro Zamora

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