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El dedo chiquito del pie.

De las ocasiones en que disputé con el amor, por amor, en algunas perdí y en otras también. Pero en ninguna me he sentido tan vivo como cuando me dejo nockear por él a lo tarugo. Como cuando llueve en dirección opuesta de adonde uno se dirige y las gotas te pican la cara. Como el ventarrón que te hace comer el polvo. Como los insectos dándose topes contra las lamparas. Como los puñetazos a las paredes. Como embarrarse la cara en los pasteles de cumpleaños.
Uno sabe que no hay algoritmos para descifrar la dirección del amor, pero nadie nos dijo que en realidad el amor se aloja en el dedo chiquito del pie.

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Acerca de Alejandro Zamora

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