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Sepultura en Do mayor.

Te perseguí una noche cruda en aquella chevy del 95′, sus cilindros crujían enardecidamente detrás del coche blanco en el que tratabas de huir de mí. Y aunque aquel auto era una porquería, sin dudarlo, nunca pude pisarte los talones de Barbie de los que siempre me burlé. Me despedí de ti en la puerta de aquel motel al cual siempre me negué a ir y tal parecía tu hogar. Me enseñaste, en aquella ocasión, la cara meretriz en la que se convierte el amor, que la libertad arde en las llamas azules del etanol, que la piel es tibia sábana para los amantes y que la noche es para la guerra, no para dormir.
Que la vida es esa canción que uno baila, 1 2 3 1 2 3, de narices contra el suelo.

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Acerca de Alejandro Zamora

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