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Linea ligera.

El aire que sorbe el ligero, a todo galope, viaja de los hoyares a los pulmones oxigenando sangre real, palpitando el alma. Aceleración que acribilla al tiempo; 200 latidos, 200 martillazos, 200 palomas blancas por minuto, le hacen falta alas. Es revolución, su sprint inicial, una imagen poética explosiva a 120 km/hr.  Se lanza a la carrera apenas acariciando el suelo, un cuarto a la vez, dejando precisas pautas para planear libre de algún nexo con la tierra, desprendiéndose de la teoría de cuerdas; como bailar sin gravedad, como polvo estelar ante las vicisitudes de los multiversos.
El tiempo, inconmensurable, que le debió haber llevado a la tierra llegar a tal continua perfección.

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Acerca de Alejandro Zamora

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