Oh, Pendejo.

Puesto que pendejo naces y el andar te espera,
En la vida no vaciles en cambiar, de lado a lado, tu camino;
No por tu vaivén y brincos a la reguera tu destino permutas,
Destino al fin, de pendejos a pendejos, terminarás como es debido.
Entonces ¿por qué sufres, pendejo, la nostalgia inexorable del herido,
Jodiendo a quienes no nos ha tocado la desdicha del calvario a gatas?
Oh, pendejo, no te ofusques, le dedico un acrostico a las putas
Nostalgias devenidas por tu mala desventura.

Conjugación en tiempo imperfecto.

Amar siempre se conjuga en tiempo relativo efímero. Amar es fusión, amor. Frugal y fruicioso, rumoroso y fugitivo, frustrante y furioso, quizás fuego y rubor. Es fuero y es infierno, acaso funambulista o furtivo; furor, fugaz. Eso es amor. Es el fulano, que entre tanto fundamento, se volvió el perengano que sólo existe en un futuro gramatical y nada más. Y si se vuelve presente, entonces acaba de pasar.

Las ecuaciones y la yerba.

No te busco a ti; busco el olocausto que causas, la abstracción de la muerte persiguiéndome.
No busco tu cuerpo; acaso el instante ¡qué ufano! en que tus dimensiones implosionen mis ataduras, el tetraedro que taladre las sienes… infinita piedra, torpe y taciturna.
¡Qué importa el tiempo, si lo necesario es jugar a esta ruleta rusa! El plomo avasallador, derretir las armaduras junto con la carne y la melancolía. Invocar al destierro de tu vientre, repleto de rosas tristes, negándose a extinguirse.
¡Qué me importan tus ojos! sin embargo, que se promulgue ahora que tus dedos deben ser los clavos de la cruz de mis andanzas.
Que no llegues si es que te busco en ecuaciones y que la yerba no responda si la duda te aqueja y tú preguntas.
Acá empiezan tus lineas, dejaré en blanco lo consecuente de este credo para que inicie la estratagema y el arrebato ¡bienaventurado sea tu imperio!

Cartas a Sophie. 12/01/2013

Tuxtla Gutiérrez, 12 de enero de 2013.
Querida Sophie:

Hace frío aquí, ahora. Me pregunto ¿qué estarás haciendo? Tal pareciera que aun no es tiempo, pero quiero aprovechar estas líneas para la premura ¡quiero advertirte! de mí, de ti y de la suerte que devenga 3 años a partir de que leas esto. Seguro me escucharás decir alguna imprudencia con rasgos de tonteria. ¿Pero acaso no te pareceré un tonto, después de todo?

Arribarás como un gato y en tu arrebato caerán los telones, me obligaras al amor, caeré a tus pies ante la exposición de tu figura, izarás tu sonrisa y entonces me daré de topes contra tu vientre como una mosca contra una bombilla en una noche oscura. Me ceñiré la cota de malla y aún así te enseñaría en qué parte entra la daga. Me verás sufrir el desvarío del miedo, del horror al dolor ajeno. Como agente del caos soy inverosímil, pero eso a ti no te importaría. No debe importarte. Quizá ya no te importe.

Lo grave de esto no es tu huida, si no que en esa huida quizá te lance piedras. Nunca fui el mejor soportando dolores ingratos. Pero serás ingrata conmigo, eso debí habértelo enseñado. Aun así, todo lo que te lance quedará suspendido en el tiempo; imagina mis piedras y mis palabras rededor de ti, perdidas en el aire. Pensarte te dotaría de tal escudo. Mal veneno y antídoto será mi cariño, cariño. Perdona que te llame cariño, cariño.

¡Ah, sí! quiero disculparme del tono absurdo y del imprudente que seré  ¡no soy un pervertido buscando amor en el bote de la basura! Quizá un mendigo, sí,  uno encandilado de tus ojos oscuros como lo profundo del mar ¡caray, tendría que aprender a ser una ballena!

Con estas últimas líneas espero que reprimas tu presencia ante mi advertencia. Eres tan bella, aun con cicatrices (vendrás a mí, si vienes, con cicatrices). Te esperaré, por favor ¡no vengas!

Tuyo, Emmanuel.

P.d. Te presto dos puntos suspensivos ¿capaz?

Crimen de madera.

Una barca. Soy. Simplemente, una barca soy. Abandonada. Excomulgada. Encaminada a los laberintos del azar ¿Qué me atormentará?
Se llenarán de agua mis bancas, cuando la tristeza me azote con las centellas de la mar.
¿Se borrarán acaso los versos como musgo, gravados con clavos, en esta proa malaventurada, decaida, cuando la gravedad y las olas devengan como siglos?
Tengo sed.
De palpar la arena de las playas estoy arrepentido. He aquí una barca, pequeña, con bandera de tirano. No habrá espacio en el portuario para los indignos. Suave morada es altamar. Amarga, como hiel, es la historia de los viajes que me han de faltar.
¡A estribor, a estribor! Ensimismadas las vueltas que he dar sobre mi propio eje.
No las olas si no el tiempo es el culpable de culpar. En este crimen son mis maderas la paradoja que incriminan a la vela.
Aun tengo sed.
No es facil reflexionar, queriendose mirar en unas aguas que no conocen de la calma, pero reflexiono ¡a pesar de la boca, no del beso que traiciona!
En la guerra del deseo contra el deseo, convoco a este destierro, transgresión del espejo contra el reflejo; el deseo tiene todo por ganar.
Ahora soy yo quien incrimina la madera.
Sed, te desconozco ahora.
Torbellino, orden, desorden, horas, ensimismadas horas.
También desconozco las horas.
El final de este viaje está a babor. Consume mi cenizas, virgen de la despedida, consagradora del ocaso; converge conmigo en el éter.

El imperio de pagar.

Nada se compara al olor que brota los libros como pequeño elixir intransigente; excepto, el regocijo de saber que hay un árbol que se erige irrevocable contra al viento y se burla de las maquinas y de las posibilidades, quizá por un lapso más.
Hay precios que deberíamos no poder pagar.

Transoceanicos.

Estamos unidos por pequeñas redes. Hay un vinculo desde el alma hasta la memoria, aun en las conciencias dormidas. Hay equilibrio combativo, armonioso y sutil, en todo esto. Hay redes desde mis neuronas viajando por los nervios hasta tocar la planta de los pies, y de los pies al suelo, y del suelo a las raíces, de las raíces al follaje, del follaje al aire, del aire a las nubes, ergo la lluvia, luego a los riachuelos, de ellos a los mares. Y en los mares está el caldo de la vida, la tierra es un milagro permanente y palpitante. La vida es una luciérnaga que se va apagando tras cada chispazo que deslumbra.
He aquí que mis brazos se disuelven y terminan en cadenas de aminoácidos en los abisales.

Linea ligera.

El aire que sorbe el ligero, a todo galope, viaja de los hoyares a los pulmones oxigenando sangre real, palpitando el alma. Aceleración que acribilla al tiempo; 200 latidos, 200 martillazos, 200 palomas blancas por minuto, le hacen falta alas. Es revolución, su sprint inicial, una imagen poética explosiva a 120 km/hr.  Se lanza a la carrera apenas acariciando el suelo, un cuarto a la vez, dejando precisas pautas para planear libre de algún nexo con la tierra, desprendiéndose de la teoría de cuerdas; como bailar sin gravedad, como polvo estelar ante las vicisitudes de los multiversos.
El tiempo, inconmensurable, que le debió haber llevado a la tierra llegar a tal continua perfección.

El color de la piel.

“The storms are raging on the rolling sea
and on the highway of regret
though winds of change are throwing wild and free
You ain’t seen nothing like me yet…”

Te conocí bajo el cobijo de tu madre, por el mercado de la ciudad, entre voceadores de mercancía en una tarde llena de martillazos de obra negra, entre la utopía de mototaxis y un boulevard de distancias estremecidas. Llevabas aceite de canola en la mirada, la seriedad de los hombres ilustres, la piel del color de la piel de mi abuela, los rasgos íntegros de una tristeza constante y una autopista llena de sueños de caballos. Pasarían cuatro meses, un par de crímenes y la genuflexión de los versos adormitados, una suspensión temporal del olvido, todo esto para la aproximación y choque de un par de mantos a la defensiva. Tanto tú como yo llevábamos un lado izquierdo acompañado; pero ya ves cómo es esto del caos de vivir, una caída libre al abismo de las ambigüedades, las peripecias entre el día y la noche, el paraíso de las carcajadas impropias del diario fingir, el vaivén de los deseos atmosféricos y los besos a traición. Y quizás ayudó el hecho de que no creo en más destino que el que uno abre a mordidas para el sendero en espera de los algoritmos del tiempo, y quizás esto no sea del todo cierto. Fue en una noche fría de principios de enero que entré sonrisas de madrugada, sin darme cuenta, di muerte a una promesa que expiró entre mis dedos y huyó en un orificio que tenía el fondo de la bolsa derecha de mi pantalón. Y heme allí, escribiendo tu nombre en un cielo opaco de luna tibia, a la hora en que algún ayudante de Dios se debió haber olvidado de prender las constelaciones. Me llevaría dos meses más el encontrar respuestas a la fuerza, dos crímenes más entre casualidades y causalidades, a preguntas que nunca decidí hacer. Me bebí el corazón a cucharadas de ti, diarias, todas ellas nocturnas, religiosa e intermitentemente, sin encontrar bocanadas tirrias de descanso y actuando como quien arroja una moneda al aire, esperando que no cayese ni águila, ni sol. Aún no tengo cierto quién movió las piezas en este tablero, tampoco sé si estar agradecido o ponerme nostálgico por que en la siguiente jugada no tengo movimiento. La moneda que tiré aquella vez aún sigue en el aire y yo estoy parado aquí, con una canción de Bob Dylan dándome vueltas entre los dientes, apostando mi cabeza a que sea lo que tenga que ser, con los ojos cerrados